Y eran dos, caminando por el lugar que regalaba colores y poderes.
Increíbles mariposas obligan a inclinar sus cabezas.
Se mojan en el río de calma y barro y de cinco sombras de libertad.
Se besan, así, con la sensación de ser capaces de volar, en busca de una respuesta que nadie sabe.
Se huelen, se rozan y se expanden hasta que da miedo: algo que no consiguen explicar.
Y es que quieren, pero no pueden.
Entonces, se someten a la razón: es hora de volver.
Y son dos, de vuelta a la alquería.
Y son dos, las colas que se mueven a un compás casi perfecto.
Susana.

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