En la caja de tela azul encontré:
El álbum de los quince, autógrafos de artistas de moda que no sé donde estarán pero que me emocionaban , veía en la telenovela de la tarde y que conocí en la puerta de canal nueve; servilletas de alguna confitería de moda con leyendas y fechas de noches que seguramente fueron importantes y posavasos de corcho señalando la noche que mi hermano se animó y me invitó a salir con sus amigos; la liga del casamiento en el que me vestí de lila y de largo y medallitas de torta de cumpleaños de las compañeras de escuela, con las tarjetas de invitación todas rosas, todas parecidas; boletines de primaria forrados con papel araña, azul, rojo, verde, a cuadros y las firmas de mis viejos; un sobre con pelo cortado en una peluquería de no se donde pero era el primer corte de un pelo largo hasta la cintura y posiblemente, no lo sé, el fin o el principio de una etapa de mi adolescencia; el boceto de mi vestido de novia y cambios de moño y ramo señalados con un lápiz; una tarjetita escrita por mi Papà :”Felicitaciones, mil pesos de premio” y no me acuerdo que hice de bueno; fotos de muchos que no vi nunca más y casi no recuerdos sus nombres. Muchas tarjetas de cumpleaños y pétalos secos y moños de florerías abrochados en tarjetas, hartas de buenos deseos; poesías de amor y entradas de recitales que me emocionaron y me provocaban soñar y alcanzar lo inalcanzable.
Ordené los recuerdos un día que decidí poner cada cosa en su lugar. Sé que están ahí y a menudo me gusta volver, si pudiera, si pudiera…
Susana.

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