martes, 16 de febrero de 2010

Cinco hileras de baldosas gastadas, es el paso obligado para llegar hasta el pino.

A la derecha y en fila, las plantas de acelga y lechuga, se asoman verdes, limitadas.

En un rincón: sombra y un cuchillo clavado en la tierra y una lavanda que invita a la calma.

A la izquierda y en dos sogas cruzadas y sostenidas por palos, una camisa y un pantalón gotean.

En el fondo, detrás de un alambre tejido y un techo de chapa: un gallo y tres gallinas conviven con moscas.

El verdín invade las paredes y el sonido del tren, se confunde con los truenos.

Susana.

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