Cinco hileras de baldosas gastadas, es el paso obligado para llegar hasta el pino.
A la derecha y en fila, las plantas de acelga y lechuga, se asoman verdes, limitadas.
En un rincón: sombra y un cuchillo clavado en la tierra y una lavanda que invita a la calma.
A la izquierda y en dos sogas cruzadas y sostenidas por palos, una camisa y un pantalón gotean.
En el fondo, detrás de un alambre tejido y un techo de chapa: un gallo y tres gallinas conviven con moscas.
El verdín invade las paredes y el sonido del tren, se confunde con los truenos.
Susana.

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